ARQUITECTURA EN LA VALENCIA REPUBLICANA



Fuente
http://www.uv.es


ARQUITECTURA EN LA VALENCIA REPUBLICANA Los sectores progresistas de Valencia que con sus votos llevaron, en 1903, al partido republicano de Blasco Ibáñez hasta el gobierno de la ciudad, celebran, el 14 de Abril de 1931, la proclamación de la República en la plaza de Emilio Castelar. En aquel momento, se estaban terminando los edificios de la acera de poniente de la plaza con un criterio uniforme y convencional, que va a ponerse en evidencia cuando se levante la fachada de levante, construida ya en periodo republicano.

El análisis de los diferentes estilos que allí aparecen y del cambio tan brusco que se manifiesta en el lenguaje empleado, incluso en las obras de un mismo arquitecto, darán lugar a una reflexión sobre la influencia del cambio político en la configuración de la fisonomía urbana.

Juan José Estellés
Arquitecto 
Pza Ayuntamiento


General San Martin-Germanías

Calle San Vicente

VALENCIA: ARQUITECTURA MODERNA Y VIVIENDA OBRERA DURANTE LA II ª REPÚBLICA*
Vetges Tu i Mediterránia, arqtes.
  La significación y el impacto internacional del Movimiento Moderno a lo largo del siglo XX se debe antes a la creación y difusión de una determinada cultura arquitectónica, llevada a cabo al finalizar la la Guerra Mundial por la segunda generación de "arquitectos racionalistas" (Le Corbusier, W. Gropius, Mies van der Rohe, J.J.P. Oud,...), que a una específica actividad constructiva, que no llegó hasta bien entrada la década de 1920. Las ideas republicanas tuvieron en la España de los años treinta una influencia muy concreta en el desarrollo de la arquitectura y el urbanismo modernos, y por ello, tras el sangriento episodio de la guerra, el panorama arquitectónico español mostró, al menos durante las dos décadas posteriores, un aspecto exageradamente desolador.
La introducción de la "Arquitectura Moderna" en Valencia, así como en el resto del territorio español, se produjo no cómo resultado de la continuidad natural de formas de hacer ya establecidas --la prematura muerte en 1921 de Demetrio Ribes, autor de la "Estación del Norte" o de los desaparecidos "Almacenes Ernesto Ferrer" en la plaza de Rodrigo Botet, quebró una trayectoria profesional próxima a las de A. Perret, P. Behrens, A. Loos, pertenecientes todos ellos a la primera generación de "arquitectos racionalistas"--, sino a partir y en la medida en que una nueva generación de arquitectos entró en contacto directo con esta flamante cultura. Durante todo el primer tercio del siglo XX numerosas publicaciones periódicas españolas venían ofreciendo puntual y documentada información sobre la naciente realidad urbanística y arquitectónica de Europa y América. Además, y como consecuencia de la actividad personal del arquitecto aragonés Fernando García Mercadal --autor del zaragozano "Pabellón Rincón de Goya", considerado por muchos autores como la primera construcción moderna española-- algunos de los principales protagonistas de este movimiento arquitectónico llegaron durante esos años a Madrid o Barcelona para mostrar sus obras y pronunciar importantes e impactantes conferencias. Los primeros proyectos modernos valencianos, presentados a un concurso nacional (1927) y a una exposición colectiva de arquitectos jóvenes catalanes (1929), salieron de las manos de los todavía estudiantes Luis Albert (titulado en Madrid,1928) y Enrique Pecourt (titulado en Barcelona,1930) para la posible construcción de dos edificios singulares: una nueva y expresionista sede del Ateneo Mercantil de Valencia, que debía construirse en la ampliación de la céntrica plaza de Emilio Castelar (hoy del Ayuntamiento), y una nueva y racionalista tipología de clínica quirúrgica.
Ilustración. Proyecto de reforma
Las primeras construcciones modernas valencianas no tardaron en aparecer, puesto que la ciudad estaba sumida desde finales de 1928 en un ambicioso programa de reformas urbanas, en el que se habían retomado y actualizado viejos y nunca olvidados proyectos, como la avenida del Oeste, la remodelación de los alrededores del Ayuntamiento, la prolongación de la calle de la Paz hasta las puertas de Quart o el ensanchamiento de la plaza de la Reina. La influencia que en estos decisivos años ejerció sobre Javier Goerlich --arquitecto titulado en Barcelona en 1914, autor de la versión definitiva de este vasto programa y uno de los más dotados y acreditados de la ciudad--, el principio racionalista de la primacía del urbanismo sobre la arquitectura como medio para promover el progreso social, provocó la inmediata puesta en marcha de una serie de proyectos de gran repercusión ambiental y social, alguno de ellos muy criticado por el recién creado Colegio de Arquitectos de la Zona de Valencia (1930), para transformar barriadas enteras del casco antiguo caracterizadas por la estrechez de sus calles y por la presencia de edificios muy degradados y con viviendas sin apenas luz o ventilación. Los dibujos iniciales que ilustraban estas actuaciones urbanísticas fueron sutilmente modificados durante los primeros años de vida de la II ª República, con una ciudad ya plenamente moderna, para sugerir intervenciones puntuales más cercanas a los postulados racionalistas, utilizando para ello un lenguaje formal sobrio y con volúmenes achaflanados o prismáticos definidos por planos limpios en los que ya se insinúan la forzada asimetría, la escalonada verticalidad o las acristaladas secuencias de ventanas de proporción rectangular. Esbeltas edificaciones, formalmente heterodoxas pero aerodinámicas y evidentemente contemporáneas, compactaron velozmente los huecos existentes en el nuevo centro de la ciudad y en las tramas rectangulares del ensanche para acoger a un amplio sector de la clase media en viviendas higiénicas y confortablemente distribuidas. La proclamación de la II ª República provocó en Valencia una exaltación política, social y cultural sin precedentes, que hizo posible no sólo que esa nueva generación de arquitectos comenzara a trabajar en un ambiente de eufórica esperanza y de profunda renovación, sino que "los otros arquitectos", aquellos que estaban todavía recluidos en sus peculiares eclecticismos, también pudieran abordar algunos aspectos de la modernidad durante este corto y fecundo período. Los ya citados Luis Albert y Enrique Pecourt son, junto a Ricard Roso (titulado en Madrid, 1932), los arquitectos más innovadores de la década de los años treinta. A ellos se deben obras tan significativas, fundamentalmente viviendas dado el fuerte incremento demográfico derivado de la conversión de la ciudad en centro comercial metropolitano, como el expresionista Edificio Alonso de la calle San Vicente esquina a Xátiva (L. Albert, 1935), los racionalistas Edificio Navarro en la calle Donoso Cortés,l (E. Pecourt, 1933) y Edificio Buch en la calle Quart, 114 (L. Albert, 1935), o el funcionalista y aerodinámico Edificio Llopis, 2 en la avenida María Cristina, 3 (R. Roso y J. Bellot, 1935). Otras tipologías no ligadas a la residencia incorporaron también ejemplos de este deseo manifiesto de modernidad, como ocurrió en el Club Náutico, demolido en 1985 (J. Goerlich y A. Fungairiño, 1932), el complejo de piscinas Las Arenas (L. Gutiérrez Soto, 1933), el cine Rialto (C. Borso, 1935) o el Colegio Mayor Lluís Vives, antigua Residencia de estudiantes (J. Goerlich, 1935).
Calle San Vicente
Calle San Vicente
Rialto
La cuestión específica de la vivienda obrera se venía considerando desde comienzos del siglo XX no sólo como un medio de control social sino además, y sobretodo, como un verdadero instrumento urbanístico y económico. En la periferia de Valencia, como consecuencia de la propia estructura de su mercado inmobiliario, sociedades cooperativas habían iniciado, ya en 1911, la construcción de agrupaciones de "Casas Baratas", amparadas por una nueva legislación y financiadas mediante subvenciones estatales . Estas nuevas barriadas, obtenidas con la repetición del tipo de vivienda considerado como óptimo por la denominada "cultura de la habitación" (unifamiliar con jardín y en régimen de propiedad), fueron utilizadas en la década de los años treinta, ante la ausencia de planes municipales de extensión, como piezas clave en la inevitable expansión de la ciudad más allá de los límites señalados en sus reiterados proyectos de ensanche. De entre todas las construidas en el período de vigencia de la dictadura de Primo de Rivera (1923- 1930), el de mayor eficacia de la Ley de Casas Baratas, destacan la situadas en el actual barrio de Torrefiel y las ubicadas en el área comprendida entre el Paseo de Valencia al Mar y la avenida del Puerto. Este Paseo, diseñado a finales del siglo XIX y en el que se habían urbanizado en la década de los años veinte un número mínimo de manzanas, es relanzado y sancionado en los años treinta: primero mediante un fallido concurso, convocado en 1930 para la construcción de "2000 casas baratas" con las que hacer viable la apertura de la Avenida del Oeste (la imposibilidad de construirlas "en serie", recogida en las bases del concurso, fue muy criticada en 1932 en las páginas de la revista AC. Documentos de Actividad Contemporánea que editaba en Barcelona el GATEPAC); luego con un nuevo diseño para su reconversión en una auténtica ciudad-jardín, redactado en 1931 por el arquitecto municipal José Pedrós (titulado en Barcelona, 1924); y finalmente en 1935 con los proyectos del mencionado Javier Goerlich para la ubicación de la nueva Ciudad Universitaria en sus terrenos. Tan sólo dos modernos grupos de viviendas obreras se construyeron durante la II ª República en sus primeras manzanas urbanizadas: el de la cooperativa de la Asociación de la Prensa , diseñado entre 1931 y 1933 por Enrique Viedma (titulado en Barcelona,1915), y el de la cooperativa de las Artes Gráficas, trazado en 1932 por Emilio Artal (titulado en Barcelona, 1922) y demolido en 1975.
Con la promulgación en 1925 de la Ley de Casas Económicas, que vino a completar y ampliar la legislación existente sobre Casas Baratas, se abrió en Valencia la posibilidad de contribuir a la mejora del alojamiento de la clase obrera mediante la edificación, en las grandes y uniformes manzanas de las zonas del ensanche, de "conjuntos o bloques" donde albergar una gran cantidad de este tipo de viviendas, siguiendo con ello el ejemplo de algunos municipios alemanes, holandeses o austríacos, cuyos espectaculares logros, sociales y arquitectónicos, habían ido apareciendo desde 1923 en las paginas de la revista madrileña Arquitectura. Dos de ellos construidos ya en el período republicano, muestran las beneficiosas influencias de los lenguajes modernos: la expresionista Finca Roja o la "casa colmena de la calle Jesús", proyectada entre 1929 y 1930 por Enrique Viedna, y el protorracionalista Grupo para Agentes Comerciales de la Gran Vía de Germanías, proyectado entre 1933 por Emilio Artal en colaboración con Jose Luis Testor y Angel Romaní.
Finca Roja
En 1935 otro nuevo precepto, Ley de la Previsión contra el Paro o "ley Salmón", sentenció definitivamente la ideología antiurbana de la vivienda obrera valenciana al incentivar, mediante exenciones tributarias, la construcción de viviendas populares entre medianeras (Casas de Rentas) en los soalres todavía existentes en el centro histórico o en sus cercanías. Acogiéndose a esta nueva ley, el arquitecto Joaquin Rieta (titualdo en Barcelona, 1923) proyectó en ese mismo año en la calle Guillen de Castro el singular y racionalista Edificioo Cuadrado o la "Casa Rusa" , para albergar a los trabajadores de una industria del mueble de una "verdadera" casa comunal, con instalaciones higiénicas comunitarias y viviendas servidas por corredor.
*Publicado en REPÚBLICA, 70 anys després.
Plaza Ayuntamiento


Avda. del Oeste

Calle Barcelonina

Fotografías: Jose Mª Azkárraga

SHARE THIS

Autor:

La persona inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos..

0 blogger-facebook:

Gracias por Vuestros comentarios.