Bernardino Pérez Elizarán-Pasieguito






Pasieguito


Nombre: Bernardino Pérez Elizarán


Posición: Centrocampista


Lugar de nacimiento: Hernani (Guipúzcoa)


Fecha: 21 de mayo de 1925

Para muchos fue el descubridor de Kempes o Mijatovic, pero para el valencianismo más ilustre Bernardino Pérez Elizarán siempre será un hombre inolvidable. Jugador, secretario técnico, entrenador… Pasieguito dejó su sello en el club por su carácter, su capacidad deportiva y su envidiable y prodigiosa memoria.




Nacido en Hernani (Guipúzcoa), su sobrenombre fue una herencia que lde dejó su abuelo, al que pusieron el apelativo de Pasiego porque era natural del Valle del Pas cántabro. Su padre, jugador profesional de pelota, recibió el apodo y él lo recogió y lo inmortalizó en el Valencia. Así se recuerda como se quedó con ese nombre:

-‘’Ese chaval la toca muy bien ¿eh?, ¿Quién es?’’ – pregunto un aficionado que observaba un encuentro de fútbol infantil.

-‘’Es el hijo de Pasiego, el pelotari’’.

Y a partir de ahí fue conocido por su inmortal diminutivo: Pasieguito.




Pasieguito llegó al Valencia en plena Guerra Mundial, en 1942, de la mano de Luis Colina, que ya había oído hablar de él cuando jugaba con 15 años en los equipos inferiores de la Real Sociedad.

-‘’Vine, sobre todo, porque aquí estaban Ignacio Eizaguirre, que convenció a mi padre, Epi e Igoa, todos ellos donostiarras’’, recordaba Bernardino. ‘’Yo era, que no se interprete como inmodestia, una especie de niño prodigio en aquello del fútbol. Cuando llegué aquí todavía llevaba pantalones bombachos’’

Pasieguito debutó ante el Granada, el 21 de marzo de 1943, y luego jugó en Vigo y frente al Real Madrid, en Mestalla. Jugaba de mediocentro. Y como jugó sin haber cumplido la edad reglamentaria, fue sancionado con un año de inhabilitación: desde el 18 de marzo de 1943 al 18 de marzo de 1944.

“Me hicieron firmar que había engañado al club, con la intención de que el Valencia no perdiera los puntos ante una posible sanción’’, matizaba. “Yo acababa de salir de un colegio de frailes, era ingenuo y... firmé. El castigo fue, por tanto, para mí, cuando al Valencia no le hacía falta ningún punto para nada. Si llego a saber que me iba a caer aquello, no habría firmado”.

Pasieguito estuvo sin jugar aquel año, pasó uno cedido en el Levante (un valencianista más que pasó por la casa del vecino) y en la temporada 45/46 volvió al Valencia, donde cuajó una gran trayectoria con Jacinto Quincoces en el banquillo.

Aparentaba ser un jugador lento y frío, pero ello era debido a que poseía una gran calidad táctica y un dominio de los fundamentos del juego fuera de lo común lo que le permitía dirigir el juego del equipo a la perfección. En sus inicios destacó como interior, si bien, acabó formando junto con Antonio Puchades una medular mítica en el valencianismo.




El jugador de Sueca era un derroche físico y de coraje, mientras que el vasco se encargaba de canalizar el juego aprovechando su rápido regate y su magnífico toque de balón que le permitía anotar gran cantidad de goles de falta.




Esto le llevó a la selección nacional, con la que debutó el el 6 de enero de 1954 ante Turquía en Madrid. Sólo disputó tres partidos, correspondientes a la eliminatoria que perdió España ante la selección otomana para acceder al mundial de Suiza-1954. Y has esto tuvo su historia, porque debido a la igualdad entre los dos contendientes, la clasificación se decidió con la extracción de una bola por un niño.




Pasieguito siempre se mostraba como un hombre tan tranquilo como reservado, aunque cuando estaba en activo le agradaba mucho el ambiente del equipo y , tras los entrenamientos, juntarse con los compañeros para tomar cerveza con gaseosa.

-¿Reservado? ¡Hasta me cortaba el pelo en casa para no dar confianzas a nadie! – justificaba su forma de ser -. Así no tenía que participar en los comentarios futbolísticos de la peluquería.

Permaneció en Valencia como jugador durante toda la década de los cincuenta, hasta la temporada 58/59, cuando su introvertido carácter le traicionó. Acusó a su compañero Walter, que era el máximo goleador del equipo, de ralentizar el juego, y se tuvo que marchar de manera precipitada del Valencia CF en 1959 por culpa de sus durísimas declaraciones.

Pero su estrella no se apagó, ni mucho menos. Si fue un fenómeno como jugador, Pasieguito inició entonces una deslumbrante carrera como técnico. “En mi casa todos hemos vivido del cuento –explicaba con humor -; mi padre del ‘cuento vasco’, que es la pelota, y yo del ‘cuento inglés’, que es el fútbol. Hay otros que viven del ‘cuento español’, que son los toros”.




Se estrenó en el banquillo del filial, el CD Mestalla, pero al cabo de un mes se marchó para fichar de nuevo por el Levante, dónde ejerció como jugador-entrenador.




Luego llegaría al Carcagente (equipo amateur), Sabadell, Granada y Sporting de Gijón. En su primera etapa de entrenador en el Granada, el equipo ganó en el primer partido de liga fuera de casa. El portero del edificio en que vivía, que era seguidor del equipo, le felicitó a su regreso. “Le dije que no lo hiciera más, porque el día que perdiéramos iba a tener que darme el pésame. Además, pensé que si seguía dejándole hablar, a los tres meses iba a apuntarme la alineación que tenía que poner el domingo...”. Genio y figura…







Pero Pasieguito jamás se desligó del Valencia, en cuyo banquillo ganó la Copa del Rey de 1979 y la Supercopa de Europa de 1981. Cuando dejó el banquillo, Pasieguito se convirtió en descubridor de estrellas. Ya había dado en la diana con Kempes, pese a las críticas iniciales, y años después descubrió a Mijatovic, un montenegrino que pasó de ídolo a ‘Judas’ en cuestión de días tras su fichaje por el Real Madrid. Bernardino Pérez Elizarán, siempre Pasieguito, falleció en octubre de 2002, a los 77 años de edad, tras sufrir una larga enfermedad.

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La persona inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos..

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