Caída de Weylandt en el giro d'Italia

Antes de salir, al mediodía, la cabeza llena de ideas de gloria, Pablo Lastras reflexionaba en voz alta: "Los ciclistas tenemos que recuperar nuestra dignidad. Cuando organizan una carrera, solo piensan en el espectáculo y el morbo. Con nosotros nunca cuentan. Como si fuéramos gladiadores, cuyo único valor es el de pelear, sangrar y morir. O como si esto fuera un circo y nosotros la atracción. Pero no somos monos, sino artistas".
Pocas horas después, Lastras mostraba, luminoso, la plenitud de su arte -un ataque en el último repecho del día, la subida a la Madonna delle Grazie, a apenas 10 kilómetros de la llegada, el mar allá abajo- cuando la RAI interrumpió bruscamente las imágenes de la carrera para emitir un mensaje de urgencia: "Los médicos que están intentando reanimar a Wouter Weylandt no pueden contactar con el 118, el teléfono del servicio de helicópteros de emergencia de Génova. Desde aquí les avisamos para que acudan rápidamente al lugar en el que ha caído el ciclista belga".
Era la constatación de que lo que pocos minutos se había visto por la pantalla, el rostro ensangrentado de Weylandt, los médicos a su lado, masajes cardiacos, máquina de reanimación, inyecciones de adrenalina, de atropina, era grave, realmente grave.
Era también una llamada inútil. Weylandt, de 26 años, llevaba muerto más de 20 minutos. "Como decíamos antaño, murió de golpe", dijo Giovanni Tredici, que acababa de atender al primer ciclista fallecido en sus 29 años como médico principal del Giro; "a los 30 o 40 segundos de la caída, ya estábamos con él. Le atendimos los 45 minutos que ordena el protocolo, pero con el convencimiento de que no podríamos hacer nada por revivirlo. Sufría una fractura frontal del cráneo, con gran pérdida de sangre y también con pérdida de masa cerebral. Había quedado seco del golpe".
Pese a todo, el helicóptero llegó. Se posó a unos centenares de metros del inaccesible lugar del accidente y Weyland fue transportado en camilla. Solo después de terminar la etapa se anunció oficialmente su muerte.
Weylandt, prometedor, buena punta de velocidad -varias victorias, entre ellas una etapa en la Vuelta de 2008, en Valladolid, y otra en el Giro, justamente hace un año, la tercera de 2010-, clase para las clásicas, se cayó solo a unos 20 kilómetros de la llegada, en el descenso del paso del Bocco - allí donde Berzin derrotó a Indurain en la cronoescalada del Giro de 1994-, en un tramo recto tras una semicurva a izquierdas.
"Iba de los últimos del pelotón", contaron en su equipo, el Leopard, fundado esta temporada. "Se había quedado rezagado subiendo y forzaba para volver a entrar en el grupo y poder entrar al sprint". "Se golpeó contra el guardarraíl con la pierna izquierda, se fue contra el otro lado y se dio de cara contra un muro de piedra", dijo el director, Luca Guercilena; "hizo un vuelo de unos 20 metros". "En efecto, se debió de golpear con la pierna izquierda, pues la tenía rota", confirmó Tredici, "pero yo creo que se golpeó de cara contra el asfalto. El golpe se lo dio por debajo de la línea del casco, que no pudo protegerle. No creo que fuera muy rápido, pues la zona no es muy empinada".
Weylandt, cuya esposa, Anne Sophie, espera un hijo para septiembre, es el cuarto ciclista que muere en el Giro. El último fallecimiento, el de Emilio Ravasio, sucedió en 1986, diez años después de que, también en Sicilia, una caída acabara con Juan Manuel Santisteban. Sin embargo, de la muerte que más se acordaba el pelotón ayer era de la del italiano Fabio Casartelli, quien sufrió una caída descendiendo el Portet d'Aspet en el Tour de 1995. "He pasado al lado del cuerpo caído y, como todos los demás, he mirado desde el coche", dijo José Luis Jaimerena, el director del Movistar.
El descenso del Bocco no es especialmente peligroso, sino muy técnico. "No había nadie, en todo caso, avisando de que podía haber peligro", explicó Lastras. "Sí, pero el peligro no es tanto la zona sino el que éramos un pelotón de más de 200 en el que tanto los que se juegan la general como los que buscaban la etapa querían estar delante", reflexiona Francisco Ventoso. "Y eso, en una tercera etapa es demasiado arriesgado, pues todos estamos muy enteros, aún no se ha hecho una selección. Para una última semana, bien, pero no tan pronto".
Ni a él, ni al grupo que se formó finalmente y que acabaría disputándose la victoria ni al pelotón informaron los directores de que su compañero había muerto. Se enteraron después. Ganó Ángel Vicioso, del Androni, segundo ahora en la general, a siete segundos del británico David Millar (Garmin).
No hubo música ni celebraciones en la meta. Solo silencio. "Y lo que los corredores y los equipos decidan hacer en la etapa de mañana la organización lo respetará", anunció Angelo Zomegnan, el director general de la carrera, antiguo periodista, quien recordó: "El ciclismo es un deporte en el que los corredores arriesgan su vida en cada metro".
Al día siguiente de la muerte de Casartelli, los corredores del Tour neutralizaron la etapa y dejaron que sus compañeros del Motorola se adelantaran y le homenajearan con su gesto. Un día de conmoción e introspección como el que seguramente se vivirá hoy entre Génova y Livorno, como si solo la muerte devolviera a los ciclistas, a los monos del espectáculo, la consideración de personas.

Victoria triste para el español Ángel Vicioso

El fallecimiento de Weylandt ha dejado en un segundo plano todo lo demás. La tercera etapa había terminado minutos antes con la victoria del español Ángel Vicioso (Androni Giocattoli), que ha llegado el primero a la meta tras liderar la escapada final. David Millar (Garmin Cervelo), segundo, es el nuevo portador de la maglia rosa. Ambos formaban parte del grupo que ha dado alcance a los cuatro corredores que se han escapado poco después del kilómetro 30 -Brambilla, De Clercq, Brutt y De Ricci- y que no han perdido su ventaja hasta el último tramo, en la Madonna delle Grazzie. Los españoles Pablo Lastras (Movistar) y Daniel Fernández (Katusha) han acabado tercero y cuarto. Todas las celebraciones por la victoria han quedado suspendidas por la desgracia ocurrida en el Passo del Bocco.
El nuevo líder del Giro, que ha conocido lo ocurrido tras acabar la carrera, ha querido restar importancia al resultado de la misma. "No significa nada. No puedo imaginar lo que su familia va a pensar, es terrible", ha dicho Millar tras la etapa. "Nuestro deporte es trágico a veces, tiene sus riesgos cada día", ha añadido; "lo cierto es que aquí estamos los mejores ciclistas del mundo, y los mejores también pueden cometer un fallo o encontrarse en el lugar inadecuado en el momento inadecuado". Finalmente, Millar ha criticado que la televisión haya mostrado las imágenes de Weylandt caído inconsciente: "¿Por qué han hecho eso?".

Fuente:http://www.elpais.com

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La persona inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos..

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