La Capilla Sixtina se prepara para el cónclave

Unas 40 personas trabajaban disciplinadamente debajo de la bóveda pintada por Miguel Angel, vigilados por una docena de agentes de la gendarmería vaticana. Carpinteros, pintores de brocha gorda y fina, tapiceros y algún ingeniero que se ocupaba de la famosa estufa que, en pleno siglo XXI seguirá funcionando como único canal de comunicación mientras dure el cónclave. Una antigüedad secular, unida a los barridos ultramodernos que, poco antes del "extra omnes" (fuera todos), que pronunciará el Camarlengo, limpiarán la Sixtina de cualquier artilugio de espionaje.

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La persona inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos..

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