Narbona: la Roma más afrancesada





“Los mejores perfumes vienen en frasco pequeño”. Este refrán bien se puede aplicar a la hora de visitar ciudades donde lo que más importe sea el encanto y disfrute de pasear por bellos rincones y no la necesidad de recorrer kilómetros y kilómetros de avenidas en busca de monumentos atestados por turistas. Máxima que podemos aplicar a un viaje en tren a Narbona: ciudad con alma histórica que nos sitúa entre medio de dos ricas culturas: la francesa y la romana.

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Image: sixt.com

  
Una ciudad rebosante de historia
Narbona se fundó en el 118 a.C. como capital de la Vía Domitia, el principal camino galo entre Roma e Hispania. Desde entonces y hasta la invasión visigoda de 462, Narbona fue la ciudad de mayor importancia de la Roma francesa, lo cual le permitió acaparar un amplio legado que la permite ser admirada como un reflejo “en miniatura” de la vida de la capital del Imperio del César.
Posteriormente Narbona fue ciudad musulmana, eje del reino de los francos y finalmente señorío francés. Suma de diferentes culturas que se han podido reflejar en variadas construcciones que la convierten en una joya de la historia y la arquitectura.

Qué ver y hacer en Narbonna
Narbona enamora por la belleza que encierra en tan pequeño espacio, sin verse contaminada por estilos propios de arrabales o absurdamente introducida en la modernidad con edificios que supongan un pastiche ante tanto encanto tallado en piedra. Así, el respeto por su propia historia y por el entorno es una constante de la ciudad, donde también destacan rincones y planes como:
·         Catedral de San Justo y San Pastor: toda una joya de la arquitectura religiosa no pasa desapercibido por dos peculiaridades que la hacen única: la altura de su planta completa, que sobre un cerro y con 41 metros de altura se divisa a kilómetros de distancia, y el hecho de que se encuentre aún sin terminar, con un aspecto a los laterales de ruina.
·         Restos de la Via Domitia: presidiendo la plaza del Ayuntamiento encontramos los restos de la que fue la principal vía entre la España romana y la capital del imperio, donde también se cruzaba la Vía Aquitania, que unía este punto con el Imperio Atlántico (Toulouse y Burdeos).
·         Palacio de los Arzobispos: esta bella edificación palaciega de estilo gótico cuya fachada la flanquean varias torres, es actualmente sede del Ayuntamiento de la ciudad.
·         Horreum romano: restos perfectamente conservados de un antiguo almacen de la Antigua Roma.
·         Mercado Les Halles: de corte neorenacentista donde el hierro y el cristal juegan junto a formas propias de la arquitectura gótica, este mercado de estilo parisino es el centro gastronómico y punto de encuentro de la vida social de ciudad.
·         Puente Viejo: esta antigua vía de paso sobre el río Aude ha sido actualizada para albergar sobre ella edificaciones del pasado siglo que la asemejan al ponte vecchio de Florencia, configurando a este rincón un aspecto bohemio.
·         Crucero por el canal de la Robine: el canal de la Robine es un ramal del Canal del Mediodía, merecido Patrimonio de la UNESCO, que supone una de las mayores proezas de la ingeniería civil francesa al ser un canal artificial ideado para unir el Mar Mediterráneo y el océano Atlántico a través del sur de Francia en el S. XVIII, cuando los medios para tal proeza eran precarios.
·         Disfrutar de alta cuisine francesa a buen precio: en el moderno complejo de Point de la Liberté, justo a la entrada sur de la ciudad, se encuentra el que es considerado el mejor buffet libre de Europa, con ejemplos de la alta cocina francesa y mediterránea a precios más que competitivos.

       Una visita a los alrededores de Narbona


La histórica ciudad de Narbona merece una visita por sí misma, pero las razones se multiplican exponencialmente si tenemos en cuenta las joyas que encontramos a su alrededor, tales como la Abadía de Fontfroide, encanto natural como el estanque de Bages-Sigean, el Parque Regional de la Narbonnaise o las playas mediterráneas, el castillo de Peyrepertuse con increíbles vistas entre el mar y las montañas pirenaicas, la cueva de Fontrabiouse o como curiosidad, las misteriosas “Les chevaliers Cathares”, una de las máximas representaciones del estrambótico culto religioso cátaro. 


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La persona inteligente viaja para enriquecer después su vida en los días sedentarios, que son más numerosos..

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